domingo, 26 de septiembre de 2010

The Final Frontier de Iron Maiden

“The Final Frontier” es un discazo, con temas que se pueden comparar a la energía de “Piece of Mind”, aquel mítico álbum de 1983 que sacó a la luz temas como “The Trooper” y “Flight of Icarus”. Por Marcos Hurtado en La Pollera


Debo reconocerlo: después de escuchar ese guatazo que significó para mí y para todo fan de Iron Maiden – que tenga algo más de racional que de recalcitrante- ese disco llamado “Dance of Death” (donde hasta el arte era feo) y su menos malo sucesor “A matter of life and Death”, una nueva incursión de los cincuentones londinenses me generaba resquemores.

A pesar de eso, el día en que se filtró por internet bajé el disco pero se me olvidó escucharlo y un día en la pega lo puse un rato, pero concentrado en otras cosas, me sirvió más de música ambiental que de otra cosa… por lo que, cegado además por mis prejuicios, “The final frontier” pasó sin pena ni gloria por mi cabeza.

Eso hasta que, por esas circunstancias de la vida, mi polola me regaló el cd original y me vi en el imperativo de escucharlo. La ocasión propicia era un pique en auto que me tenía que mandar desde Viña hasta La Peña (un pueblo a la cresta de la loma, cerca del túnel El Melón), así que ese día me dispuse a escuchar lo último de la Doncella de Hierro sesudamente.

¿El resultado? “The final frontier” es un discazo, con temas que se pueden comparar a la energía de “Piece of Mind”, aquel mítico álbum de 1983 que sacó a la luz temas como “The Trooper” y “Flight of Icarus”.

Si bien “The final frontier” empieza medio lento con la canción que le da el nombre al disco (quizá la más floja de la placa debido a que comienza muy lento, parecido un poco a lo que fueron los temas de “Dance of Death”), esto se soluciona de inmediato al pasar a escuchar “El Dorado”, canción que deja en claro que a sus 52 años, el vocalista Bruce Dickinson sigue teniendo cuerda para rato, y que hace recordar el antiguo sonido de Maiden, con el bajo y las guitarras galopantes que llenan los oídos.

Otro de los puntos altos de esta canción es la letra, que hace la metáfora sobre el endeudamiento de la gente con bancos e instituciones financieras luego de que estos les ofrecen encontrar la ciudad “con calles de oro”, tal como ocurría antiguamente con los exploradores que eran embaucados con la idea de la ciudad en donde todo era hecho con este metal. 

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